Nuestro viaje por Corea del Sur nos conduce hasta el sur del país. La costa oeste y la zona suroeste, poco habituales en los circuitos clásicos de viaje, nos han deparado algunos de los lugares más interesantes que ver en Corea. Hoy vamos a conocer dos «templos de montaña» situados en medio de espesos y bellos bosques en el Parque provincial del monte Jogyesan. Son el templo Seonamsa y el templo Songgwangsa uno de los más bonitos de todo Corea del Sur.

Templo Seonamsa (선암사)

Al igual que el templo de Magoksa que vimos el primer día de recorrido, Seonamsa forma parte de los denominados «samsa» o grupo de templos de montaña declarados Patrimonio mundial por la Unesco.

Para visitar el templo Seonamsa tenemos que dejar el coche en el parking que hay a las afueras del complejo. Tras pagar la correspondiente entrada (1500W) nos espera una caminata por un hermoso sendero rodeado de árboles y que sigue el curso de un río con pequeñas cascadas. En realidad el camino es una pista para coches, pero que está cerrada al público y solo es accesible para los monjes y el personal del templo.

Apenas nos damos cuenta del tiempo transcurrido porque el paseo es muy agradable. Tras 20 minutos nos topamos con dos puentes arqueados de piedra. Uno de ellos, el más cercano al templo es realmente fotogénico. Desde el puente empezamos a ver los primeros pabellones. Cada sala que recorremos tiene un nombre propio, pero es casi imposible para nosotros aprendernos esos nombres en coreano. Es mucho mejor perderse por Seonamsa disfrutando de cada una de las capillas dedicadas a la oración y admirar la gran cantidad de bellos árboles centenarios que hay dispersos por el conjunto.

Una pequeña plaza con dos estupas de piedra de 5 pisos, marcan el lugar más importante del templo. Después de caminar sin rumbo por Seonamsa nos dirigimos a un camino asfaltado que sale a mano izquierda. Caminamos unos 100 metros y encontramos una bonita figura de Buda grabada en la piedra de varios metros de altura.

Toca regresar. Desandamos el camino a través del bosque que nos ha llevado a Seonamsa. En total hemos estado cerca de 2 horas disfrutando de la paz de uno de los hermosos templos de montaña coreanos.

Algo más de 30 kilómetros nos separan de nuestro siguiente destino, el templo de Songgwangsa.

Pabellones del Templo Seonamsa

Entrada al templo Seonamsa

Templo Seonamsa Corea del Sur

Templo Seonamsa Corea del Sur

Pabellones del Templo Seonamsa

Templo Seonamsa Corea del Sur

Templo Seonamsa

Templo Seonamsa Corea del Sur

Templo Seonamsa Corea del Sur

Plaza principal del templo

Templo Seonamsa Corea del Sur

Capillas en Seonamsa

Templo Seonamsa Corea del Sur

Una de las capillas

Pabellones del Templo Seonamsa

Buda labrado en la piedra fuera del templo

Templo Songgwangsa (송광사)

Al igual que en el templo de Seonamsa, dejamos nuestro coche en un parking a la entrada del complejo del templo. Para llegar hasta el corazón de Songgwangsa hay que andar unos 15 o 20 minutos por una pista apta para coches pero cerrada al tráfico (excepto para los monjes). El camino discurre paralelo al río que lleva bastante agua. Caminamos a través de un hermoso bosque repleto de arces que empiezan tímidamente a cambiar de color hacia el espectacular tono amarillo que tendrán en pocas semanas.

Al llegar al templo Songgwangsa vemos una estela sobre una enorme tortuga de piedra. Pocos metros más allá nos encontramos con una imagen que no podemos dejar de fotografiar, es el acceso al templo, que se realiza por un puente techado sobre un riachuelo con árboles con tonos otoñales. Una imagen que no nos cansamos de mirar y que disfrutamos casi en solitario, ya que no hay muchos visitantes en el templo.

Traspasamos el puente cubierto y llegamos a una plaza central, grande y abierta que nos permite ver la mayor parte de los pabellones dispuestos a su alrededor. Los tejados son en su mayoría de color negro, pero también los hay de color azul, algo diferente a lo que hemos visto hasta ahora.

Entre los tesoros de Songgwangsa se encuentran varios ejemplares de árboles centenarios, algunos de los cuales sorprenden por estar absolutamente doblados debido al paso del tiempo. Otro tesoro de Songgwangsa es el “Bisari Gusi”, un enorme tronco de árbol hueco por dentro que servía para conservar el arroz de los monjes y donde cabían más de 4000 raciones.

Aunque el templo de Songgwangsa data del siglo X, son pocos los edificios que conservan algo de aquella época. Incendios y guerras han ido destruyendo todo a su paso. La última rehabilitación del templo tuvo lugar hace 50 años, de ahí que el pabellón principal parezca completamente nuevo. Pero poco importa eso, porque la belleza del entorno hacen que este templo sea uno de los más atractivos que vimos en todo Corea.

Después de 2 horas de pausada visita por el templo Songgwangsa y los bosques que lo rodean regresamos al coche. Nos dirigimos a la ciudad de Suncheon, donde pasaremos la noche para visitar al día siguiente los humedales de Suncheoman Wetland.

Templo Songgwangsa Corea del Sur

Entrada al templo

Templo Songgwangsa Corea del Sur

Puente techado de acceso al templo

Templo Songgwangsa Corea del Sur

Acceso al templo

Templo Songgwangsa Corea del Sur

Puente techado de acceso al templo

Templo Songgwangsa Corea del Sur

Templo Songgwangsa Corea del Sur

Templo Songgwangsa Corea del Sur

Templo Songgwangsa Corea del Sur

Templo Songgwangsa

Templo Songgwangsa Corea del Sur

Templo Songgwangsa Corea del Sur

Templo Songgwangsa Corea del Sur

Pabellón principal del templo Songgwangsa

Templo Songgwangsa Corea del Sur

Pabellón principal

Templo Songgwangsa Corea del Sur

Detalles del pabellón

Templo Songgwangsa Corea del Sur

Templo Songgwangsa Corea del Sur

Pabellón principal del templo Songgwangsa