Ningún viaje a Irán está completo si no se visitan las ruinas de Persépolis, la mítica ciudad fundada por Dario el grande, destruida e incendiada por Alejandro Magno en el año 331 a.C. Aunque no queda en pie nada más que una pequeña parte de lo que fue esta majestuosa ciudad, llegar hasta Persépolis es imprescindible. No solo los amantes de la historia disfrutarán de esta visita. Cualquiera quedará maravillado ante la grandeza de lo que debió de ser Persépolis allá por el año 500 a.c, en la época de máximo esplendor del imperio aqueménida.

Además, en las cercanías de Persépolis se encuentra la fascinante necrópolis de Naqsh-e Rostam. Allí, donde en el pasado reposaron los restos de los grandes reyes aqueménidas en tumbas excavadas en la roca.

Cómo llegar hasta Persépolis y Naqhs-e Rostam

Las ruinas de la que fue la ciudad más importante del gran imperio persa, se encuentran a 60 kilómetros de la ciudad de Shiraz, otro de los lugares imprescindibles en un recorrido por Irán.

Nosotros decidimos ir a Persépolis desde Shiraz, en una visita de medio día. Hay viajeros que hacen una parada en la ciudad de camino a Yazd, sin embargo a nosotros nos pareció más cómodo y sencillo ir y volver desde Shiraz.

Contratamos el viaje a Persépolis, Naqsh-e Rostam y Naqsh-e Rajab con un guía conductor que se nos ofreció en la calle. En Kashan habíamos tenido suerte con el conductor que contratamos de la misma manera así que decidimos no buscar más y quedar con el guía el día siguiente. Esta vez no tuvimos tanta suerte, y el guía (que tenía licencia) resultó un fiasco. Apenas sabía algo más que nosotros sobre la historia de la ciudad. Quizás habría sido mejor idea llegar hasta Persépolis con un conductor y contratar allí los servicios de una guía. Sin embargo ya no nos quedaba más remedio que visitar las ruinas con nuestro torpe y aburrido acompañante. A pesar del sujeto en cuestión, quedamos maravillados nada más poner los pies en las escaleras ceremoniales que conducen a la entrada del recinto.

Solo conductor: 1.000.000 riales
Conductor y «supuesto» guía : 1.300.000 riales

Persépolis

Persépolis

Persépolis

Ruinas de Persépolis

Visitando la joya arqueológica de Persépolis

Al acercarnos a esta mítica ciudad persa, lo primero que nos llama la atención es que los restos de Persépolis están ubicados sobre una enorme base elevada, en medio de una gran llanura. Los aqueménidas tenían tanto poder en la época de construcción de Persépolis que no pensaron en edificar esta ciudad en un lugar protegido de otros pueblos guerreros.

Nuestra visita empieza ascendiendo la escalera ceremonial, con escalones de muy poca altura cada una, que llevan hasta lo alto de la base. Estos escalones eran tan pequeños para que los invitados importantes al palacio pudieran subir con sus caballos.

Al llegar arriba, nos reciben las majestuosas figuras aladas que hay a ambos lados de la puerta de acceso a lo que fue un gran palacio. Estas esculturas monumentales nos dejan sorprendidos imaginando lo que debió de ser Persépolis en la época de máximo esplendor.

Nos dirigimos hacia la derecha, a uno de los puntos fuertes del recinto, las escaleras de Apadana. Estos muros repletos de relieves finamente tallados son tan espectaculares que uno podría pasarse horas mirando con detenimiento cada pequeño detalles de los relieves que invaden cada rincón de estos escalones. El lado norte, el mejor conservado, está en la actualidad cubierto por un techado para protegerlo de las inclemencias del tiempo. Este techo le resta algo de encanto al lugar, pero todo sea por preservar las maravillas que se esconden en Persépolis.

El resto del recinto arqueológico lo forman varios palacios inacabados, y el monumental palacio de las 100 columnas, el edificio más grande de los construidos en la plataforma, y que servía para recibir a las delegaciones de los pueblos vasallos.

Tras vagar por los restos de palacios y puertas que conforman Persépolis, decidimos subir hasta una tumba que podría pertenecer a Artajerjes III y que se encuentra excavada en lo alto de una pequeña colina. Aunque es menos vistosa y con menos detalles que las tumbas que visitaremos a continuación en Naqsh-e Rostam, merece la pena acercarse hasta aquí para tener una fantástica vista panorámica de toda Persepolis.

Tras bajar de la tumba del rey aqueménida, nos dirigimos de nuevo al lado norte de las escaleras de Apadama para disfrutar por última vez de estos portentosos relieves.

Salimos de la ciudad a través de la puerta de todas las naciones, con sus figuras aladas y bajamos la escalera ceremonial para dirigirnos a las tumbas de los reyes que construyeron esta monumental ciudad, en Naqsh-e Rostam.

Hay que pagar entrada
Tiempo necesario para visitar Persépolis: 1.5-2 horas

Puerta de entrada a Persépolis

Puerta de entrada a Persépolis

Palacio de las 100 columnas de Persepolis

Persépolis

Persepolis Shiraz Iran

Persépolis

Vistas desde la tumba de Artajerjes III

Vistas desde la tumba de Artajerjes III

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ruinas de Persepolis en Shiraz

Relieves en la escalera de Apadama

Escaleras de Apadama persepolis

Escaleras de Apadama

Puerta con figuras aladas persepolis

figuras aladas en persepolis

Figuras aladas

Entrada a Persépolis

Entrada a Persépolis

Naqsh-e Rajab

Antes de dirigirnos a Naqsh-e Rostam hacemos una breve parada en este lugar arqueológico situado a 6 kilómetros de Persépolis.

Lo que se visita son 4 bajorrelieves del siglo III, tallados en la roca. Las figuras están muy deterioradas y se encuentran medio escondidas entre unos peñascos. Si vas falto de tiempo, no merece la pena parar aquí, aunque pille de camino. De hecho, no debe de ser un lugar muy visitado, ya que no hay aparcamiento ni está señalizado.

De pago
Tiempo para ver Naqsh-e Rajab: 10 minutos.

Naqsh-e Rajab

Naqsh-e Rajab

Naqsh-e Rajab

Bajorelieves de Naqsh-e Rajab

Naqsh-e Rostam (o Rustam)

A 12 km de Persépolis se encuentra esta espectacular necrópolis formada por 4 enormes tumbas en forma de cruz, esculpidas en la ladera de una montaña. Además, en el recinto hay hermosos bajorrelieves de la época sasánida y un templo zoroástrico.

Podemos ver las tumbas desde la carretera según vamos acercándonos a ellas. Hemos elegido bien el momento del día para verlas, ya que justo a última hora de la mañana el sol ilumina las tumbas.

Nos acercamos hasta la base de estas tumbas con forma de cruz. Una de ellas pertenece al gran rey aqueménida Dario I. Es la tumba más decorada, con 4 columnas a la entrada. Se sabe con certeza que aquí está enterrado el constructor de Persépolis por la inscripción que así lo indica y que dice lo siguiente: “Soy Dario el gran rey, rey de reyes, rey de grandes territorios de esta gran tierra”.

Las otras tres tumbas se cree que pertenecen a Jerjes I, Artajerjes I y Dario II, todos ellos artífices de la grandiosidad de Persépolis, aunque no hay inscripciones que permitan saberlo con total certeza.

Hay una quinta tumba inacabada, que puede pertenecer a Dario III, aunque no se sabe con exactitud. Todas estas tumbas fueron saqueadas por Alejandro Magno tras la conquista de Persépolis, por lo que dentro no queda ningún resto humano ni los supuestos tesoros con los que fueron enterrados.

Continuamos hacia la izquierda para visitar los magníficos bajorrelieves de la época sasánida que se encuentran al final del recinto arqueológico. Estos grabados en la roca son similares a los que pueden verse en Naqsh-e Rajab, pero están mucho mejor conservados.

De pago
Tiempo para ver Naqsh-e Rostam: 45-60 minutos

Tumbas de Naqsh-e Rostam

Tumbas de Naqsh-e Rostam

Tumbas de Naqsh-e Rostam

Bajorelieves en las tumbas

Tumbas de Naqsh-e Rostam

Entrada a las tumbas

Tumbas de Naqsh-e Rostam

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